La sala del Centro de Estudios Judiciales escuchó al coordinador del Equipo Fiscal Especial (EFE) en su alegato final, que se encargó de reconstruir, pieza por pieza, el rompecabezas del caso.

El imponente recinto judicial Juan B. Justo 42 se convirtió en el corazón de un juicio sin precedentes para la provincia del Chaco. El caso de Cecilia Strzyzowski estremeció a toda una sociedad: una joven de sueños truncados, atrapada en una telaraña familiar marcada por el poder, las manipulaciones y el miedo. Ahora, en la instancia final ante un jurado popular, la exposición cruda de los hechos estremece y expone.
«Desde el principio les pedí que imaginen un rompecabezas. Hoy tienen ante sus ojos cada prueba, cada detalle. Solo hay una imagen posible: Cecilia fue asesinada por quienes creyeron estar por encima de la justicia», aseguró el fiscal Bogado.
Juegos de manipulación y un infierno familiar
De acuerdo a la exposición de Bogado, la vida de Cecilia cambió radicalmente tras su casamiento con César Sena, hijo de Marcela Acuña. Bastó un día para que la presión de su suegra destrozara todas sus ilusiones: tras 24 horas le exigieron el divorcio. «Mi suegra me odia… Yo ya no aguanto más…», confió Cecilia en dramáticos chats a sus amigos. La joven nunca encajó en la familia política: rechazó la vida de ‘piquetera’, buscaba un futuro distinto y, por eso mismo, fue blanco de hostilidad.
Marcela Acuña, según expuso el fiscal, movía los hilos. «Si Marcela declara, se hunden los tres», reiteró en más de una ocasión Bogado, apuntando al pacto de silencio que selló el destino de la víctima. Para los acusados —sostuvo el fiscal— sacar a Cecilia del círculo era una obsesión. Le prometieron herencias falsas, le propusieron dinero e, incluso, hasta le crearon un supuesto trabajo en el sur del país para crear la coartada que terminó siendo una trampa fatal.
Violencia creciente y un viaje que nunca existió
César Sena protagonizó episodios de violencia que Cecilia relató con temor: «Hoy tuve miedo porque vi mi vida delante de mis ojos», le envió a un amigo tras una feroz discusión. El 2 de junio marcó el punto de no retorno: convencida de emprender un viaje hacia Buenos Aires, Cecilia nunca imaginó que era parte de un plan para encubrir su desaparición.
Las cámaras de seguridad, el rastro de las conversaciones y pruebas técnicas arrinconaron a la familia Sena. Mensajes frenéticos, dinero apartado para «hacer favores», preocupación por «sacar la basura» antes de las 19:30, y órdenes estrictas para quienes debían «cuidar» a César. Todo, bajo el frío control de Marcela Acuña.
«Lo mismo de siempre»: la brutalidad como rutina
Uno de los pasajes más estremecedores del juicio lo relató el fiscal al describir el accionar de los implicados tras el crimen: planes para borrar rastros, manipulación de teléfonos, cambios de colchón, incineración de pertenencias y del cuerpo de la víctima, y el intento de sembrar pistas falsas. «La basura era Cecilia», disparó el fiscal, rompiendo el silencio absoluto de la audiencia. «Carguen la basura donde sea», reza uno de los mensajes claves reconstruidos, prueba irrebatible de la brutalidad de quienes, según la acusación, intentaron sepultar toda huella de su crimen.
La cadena de encubrimientos fue tan meticulosa como fría: celulares quemados, pertenencias dispersadas, ADN de Cecilia en la casa de los Sena, testigos claves que afirmaron no actuar jamás sin la orden de los ‘patrones’. «Era imposible no verlo», fue la frase de quienes presenciaron el siniestro fuego de Campo Rossi la noche que todo cambió para siempre.
Un juicio que marca historia
Mientras el jurado escucha las últimas palabras, el eco de «lo mismo de siempre» resuena como confesión macabra y legado de impunidad. Pero la persistencia de la fiscalía busca dar el golpe final a la mentira y la intimidación.
«La mataron, la quemaron y creyeron que su poder los haría impunes», cerró el fiscal, dirigiéndose a los doce ciudadanos que ahora tienen en sus manos el desenlace de una historia que convulsionó a la provincia y mantiene en vilo a todo el país.
El mayor juicio en la historia del Chaco llega al límite: justicia o silencio, verdad o miedo. Solo el veredicto dilucidará si habrá, por fin, respuestas para el calvario de Cecilia Strzyzowski.
