Buenas noches, señores. Manolito al frente desde la trinchera chaqueña…

Escucho los anuncios oficiales y me pregunto si vivimos en la misma provincia. En mis 50 y pico de años de oficio, he visto desfilar a cuanto iluminado se le ocurrió que la realidad se cambia con un posteo de Instagram. Pero la verdad, la única verdad, es la que golpea cuando el viento norte te seca la garganta en la sala de espera de un hospital del Impenetrable donde no hay ni una gasa para un raspón. Estamos asistiendo al entierro del capital humano en nombre de un marketing político que ya no engaña ni al chaqueño de a pie más distraído.
El Hospital Vacío: Entre el Cemento y la Desidia
Es una constante histórica en nuestra provincia: se inaugura el edificio, se corta la cinta con la tijera bien afilada para la foto, y a la semana las paredes transpiran humedad y abandono. La salud pública en el Chaco se ha convertido en un decorado de cine. Tenemos estructuras que desde afuera parecen el Mayo Clinic, pero cruzás la puerta y te encontrás con el desierto.
¿De qué sirve el cemento electoral si el médico tiene que hacer malabares para diagnosticar sin insumos básicos? He visto a profesionales de la salud, verdaderos héroes olvidados por la gestión pública, comprando de su propio bolsillo elementos que el Estado debería garantizar. El contraste es obsceno. El discurso de «Chaco potencia» se estrella de frente contra la realidad de una madre que tiene que viajar 300 kilómetros en un camino de tierra intransitable porque en su puesto sanitario no hay suero.
La inversión se va en «mantenimiento» de fachadas mientras la aparatología de alta complejidad junta tierra por falta de repuestos o personal capacitado. ¿Es falta de presupuesto o es una prioridad política criminal? En el Chaco, la burocracia estatal engorda mientras el sistema sanitario languidece en una anemia crónica de inversión real.
Educación: Docentes que Financian el Sistema
Si lo de la salud es un drama, lo de la educación es una tragedia en cómodas cuotas. Me indigna —y a esta altura pocas cosas lo hacen— ver a los docentes poniendo plata de su magro sueldo para comprar tizas o artículos de limpieza. El fracaso escolar en el Chaco no es culpa de los chicos ni de los maestros; es el resultado de un modelo que decidió que la educación es un gasto y no una inversión.
Las escuelas se caen a pedazos. No es una metáfora. Techos que se llueven, ventiladores que son piezas de museo y baños que son un atentado a la salud pública. Mientras tanto, el «relato» nos habla de digitalización y de un Chaco del futuro. ¿De qué futuro me hablan si un pibe en Pampa del Infierno no tiene agua potable en su escuela? ¿Cómo vamos a competir en el siglo XXI si la infraestructura escolar chaqueña se quedó estancada en la década del 70?
«El presupuesto educativo parece un chiste de mal gusto cuando se lo compara con los fondos destinados a la pauta oficial y al autobombo gubernamental.»
El Marketing de Redes vs. La Realidad Cruda

La crisis en Chaco no se soluciona con filtros de fotos ni con frases motivacionales en Facebook. El «chamuyo» político ha llegado a un nivel de sofisticación que asusta, pero la panza vacía y la enfermedad no entienden de algoritmos. Se prioriza el cemento porque se ve, porque se puede tocar y, sobre todo, porque se puede sobrevaluar. El capital humano, en cambio, es silencioso. Un docente bien pagado o un médico con insumos no rinden tanto en una campaña como un puente nuevo, aunque ese puente no lleve a ninguna parte.
¿Hasta cuándo vamos a permitir que el marketing de redes sociales tape el agujero negro de la gestión pública? He visto este ciclo mil veces: prometen el oro y el moro, ganan, y después la culpa siempre es del que estuvo antes, del clima o de la alineación de los planetas. La realidad es que el Chaco sigue siendo una provincia con indicadores de pobreza que duelen, y mientras no se ataque el problema de fondo —la eficiencia en el gasto y la transparencia—, seguiremos siendo los campeones nacionales del relato.
Proyecciones: Un Futuro de Sombras
Si seguimos por este camino, la brecha entre el Chaco de las oficinas de Resistencia y el Chaco del interior profundo se va a convertir en un abismo insalvable. Estamos expulsando a nuestros profesionales. El médico se cansa, el docente se rinde y el joven se va. ¿Quién va a quedar para apagar la luz?
Las estadísticas de pobreza e infraestructura no mienten, aunque el INDEC o las gacetillas locales intenten maquillar la novia. El fracaso de este modelo es evidente: se han quemado miles de millones en «programas» que solo sirven para alimentar a la clientela política, dejando las escuelas y los hospitales como cáscaras vacías. ¿Es este el Chaco que queremos para nuestros nietos? ¿O vamos a seguir aplaudiendo la inauguración de la misma canilla diez veces?
La brecha entre el despacho con aire acondicionado y la guardia de hospital sin gasas es la verdadera grieta que nos está matando.
Manolito – 50 años de oficio y cero ilusiones.
