Los cordones industriales de las grandes ciudades, las chimeneas, los obreros saliendo de las fábricas uniformados y todos al mismo tiempo, parecen postales de un mundo occidental que ya no es, o al menos, que se está transformando. La industria a gran escala se concentra cada vez más en el este del planeta.

- El empleo industrial se ha transformado.
- China eliminó 20 millones de puestos de trabajo en manufacturas.
- El rol de la IA.
- ¿Argentina está preparada?
Durante el siglo XX, en Estados Unidos el empleo manufacturero fue sinónimo de movilidad ascendente, especialmente para quienes no contaban con estudios universitarios. Las fábricas ofrecían buenos sueldos, estabilidad, cobertura sindical y oportunidades en ciudades como Pittsburgh—la “Ciudad del Acero”—o Akron—la “Capital del caucho”. En los años 70, uno de cada cuatro trabajadores estadounidenses estaba empleado en la industria manufacturera.
Según un artículo de The Economist “Factory work is overrated”, hoy esa cifra se ha reducido a menos del 10%, y apenas un 4% de los trabajadores realiza tareas directamente en la línea de producción. Más de la mitad de los empleos catalogados como “industriales” corresponden en realidad a funciones de soporte o profesionales como recursos humanos, marketing, diseño o ingeniería. Incluso países con sólidos superávits industriales como Alemania, Japón y Corea del Sur han visto reducida su proporción de trabajadores fabriles. Un dato sorprendente: China eliminó cerca de 20 millones de empleos manufactureros entre 2013 y 2020.
En la Argentina la industria clásica también perdió terreno. Si bien hay marcas todavía latentes como ser uno de los 32 países que fabrican autos, el conurbano bonaerense es sinónimo de un verdadero cementerio de fábricas que comenzó en los ‘90 y que cada año tiene más parcelas.
En Estados Unidos, este fenómeno se puede ver como la decadencia industrial, pero también se puede ver como sinónimo de progreso. De hecho, la producción fabril estadounidense actual, en términos reales, es más del doble que en los años 80. Las fábricas de EE.UU. producen más que las de Japón, Alemania y Corea del Sur juntas. Si se tomaran como un país, constituirían la octava economía más grande del mundo. Eso sí, lo hacen con menos gente: el empleo fabril cayó por efecto de la automatización, la digitalización y los cambios estructurales en el consumo, que ahora privilegia servicios por sobre los bienes.
El cambio siempre ha acompañado a los negocios, pero su naturaleza se está transformando. Según la encuesta Pulse of Change de Accenture —basada en las opiniones de más de 3.000 ejecutivos en todo el mundo—la tecnología se ha convertido en el principal motor de cambio empresarial global, con la Inteligencia Artificial generativa (Gen AI) a la vanguardia. Las empresas latinoamericanas no son la excepción. En Brasil, por ejemplo, los CEOs consideraron la adaptación a los avances tecnológicos como su principal prioridad en 2024, y para 2025 la disrupción tecnológica se encuentra en el Top-3 de sus preocupaciones.
Sin embargo, casi la mitad (44%) de estos ejecutivos reconoce no sentirse totalmente preparado para enfrentar estos cambios. Y no están solos: los trabajadores también se preguntan cómo será un futuro definido por la Gen AI. De hecho, 3 de cada 4 en Brasil creen que su puesto se verá muy afectado—o totalmente transformado— por esta tecnología, haciendo del reentrenamiento una necesidad ya sea para mantenerse competitivos en sus roles o pasar hacia otros nuevos.
A pesar de esto, el análisis de la magnitud del impacto que la IA generativa podría tener en América Latina ha sido poco explorado. Según Accenture, la IA generativa tiene un inmenso potencial para acelerar la creación de valor en toda América Latina. Sin embargo, como ocurre con cualquier tecnología disruptiva, sus primeros pasos están atravesados por la incertidumbre. Los mensajes en los medios reflejan esto. Tras el lanzamiento de ChatGPT, los temores sobre la pérdida de empleos dominaron los titulares. Más recientemente, los debates se han centrado en la privacidad de los datos. Sin embargo, un análisis más detallado puede ayudar a desafiar algunos mitos predominantes. .
Accenture ha desarrollado tres escenarios distintos de crecimiento para comparar cómo diferentes enfoques en la adopción de la IA generativa podrían alterar su impacto: el escenario “Agresivo”, el “Cauteloso” y el “Centrado en las Personas”. Estos consideran variables clave tales como el ritmo de adopción, la probabilidad de transicionar de empleo, la calidad del trabajo y el potencial de desplazamiento.
Como dice el artículo de The Economist, la lección es clara: el corazón de la clase trabajadora ya no late en las fábricas. Como ocurrió con la agricultura tras la revolución industrial, el empleo manufacturero también está siendo desplazado por transformaciones tecnológicas y demográficas. El desafío no es reconstruir un pasado industrial glorificado, sino mejorar la calidad, productividad y dignidad de los trabajos que efectivamente están creciendo. Quizás esto implique también adoptar herramientas como la inteligencia artificial para elevar el valor de los servicios personales y técnicos. La duda es si países como Argentina están invirtiendo para tener los trabajadores necesarios de la nueva revolución industrial.
La Argentina supo crecer con un modelo industrial que hoy está en crisis en el mundo. Al mismo tiempo, la decisión del actual gobierno no parece tener el foco en la industria, al menos en la industria tal como se desarrolló en el país, donde además de las grandes compañías, se construyó un universo de pequeñas y medianas empresas (pyme), que hoy ven como una verdadera amenaza la importación china y de otros países asiáticos. Las empresas de servicios, en cambio, basadas en la tecnología, comenzaron a florecer. El mejor ejemplo es Mercado Libre que se convirtió en pocos años en una transnacional y en la compañía más grande de la Argentina.
La industria tradicional también tiene argumentos para generar una discusión. El principal es que a pesar de que se la tilda de una industria subsidiada, aseguran que las tecnológicas cuentan con una ley que las exime de algunos impuestos que ellos pagan.
De todos modos, hay una amenaza que tienen ambas industrias. Esa amenaza es China. De hecho, cada vez más argentinos compran productos importados y en plataformas de ese país como Temu o Shein.
