El lunes por la noche, el fuego descontrolado en un terreno baldío sembró el pánico entre las familias de la zona oeste. Restos de poda, basura acumulada y la irresponsabilidad vecinal crearon un combo explosivo que casi termina en desastre.

Lo que para algunos es una forma «rápida» de deshacerse de la basura, para los vecinos del barrio Carpincho Macho fue una noche de terror. En la intersección de las calles Tatú Carreta y el pasaje Sierras de Córdoba, una finca abandonada se convirtió en el epicentro de un incendio que amenazó con devorar viviendas y vehículos particulares.
La alerta llegó de la mano de la tecnología: un grupo de WhatsApp vecinal estalló con fotos y videos de llamas que ganaban altura con una velocidad pasmosa. «Muchos no estábamos en nuestros domicilios cuando comenzó el incendio», relató con angustia una vecina a los medios, reflejando la vulnerabilidad de quienes trabajan mientras la imprudencia acecha sus hogares.
Un terreno convertido en polvorín
La situación en el predio era una bomba de tiempo. Según denunciaron los habitantes del sector, días atrás una cuadrilla municipal había realizado tareas de desmalezamiento, dejando el pasto cortado acumulado en el lugar. A esto se sumó la «indolencia» de otros vecinos que, aprovechando que el terreno no está habitado, lo utilizan como un vaciadero clandestino de ramas, bolsas de residuos y desechos de todo tipo.
El resultado fue devastador para la propiedad: hasta la cartelería del terreno quedó reducida a cenizas. Cerca de las 22:30, un llamado desesperado al 911 movilizó a una patrulla policial que, ante la urgencia, colaboró activamente para extinguir el foco antes de que cruzara los muros hacia las casas linderas.
El miedo a perderlo todo
«Tenemos mucho miedo. Basta con que algunas chispas pasen el muro para comenzar un desastre», expresó un vecino cuya propiedad colinda con el baldío. El temor es fundado: la presencia de motos, autos y elementos inflamables en los patios convierte a cualquier chispa en el inicio de una tragedia irreversible.
Pero no se trata solo del fuego. El humo tóxico, el olor penetrante que arruina la ropa y la contaminación ambiental son el saldo cotidiano de una práctica que parece no tener fin en los barrios de Resistencia.
Un pedido desesperado de cordura
La presidenta de la Comisión Vecinal fue tajante al pedir el cese de estas conductas:
«Por favor, paren. No es solo la contaminación o el mal olor; nos exponen a todos a una tragedia que no queremos lamentar».
Desde InChaco.com, reiteramos la advertencia de las autoridades: en plena ola de calor, prender fuego es un acto de criminalidad latente. La convivencia ciudadana exige que la basura se saque en horario y que los terrenos se mantengan limpios, no que se conviertan en hogueras que ponen en riesgo la vida del prójimo.
¿Deseas que preparemos un informe especial sobre los puntos críticos de basurales a cielo abierto en Resistencia o prefieres una guía sobre cómo denunciar a los «vecinos quemadores» ante la justicia?
