Buenas noches, señores. Manolito al micrófono desde la trinchera chaqueña. Me ajusto el nudo de la corbata, aunque a veces siento que es el propio Estado el que nos la está ajustando al cuello. He visto pasar planes australes, convertibilidades, cepos y «vientos de cola» en mis 30 y pico de años de oficio, pero lo que estamos viviendo hoy en la tierra colorada es una erosión silenciosa que nos está dejando en el hueso. Hablar de macroeconomía en una provincia donde el 50% de la gente no sabe si cena, no es análisis, es una falta de respeto.

La capital nacional de la indigencia real
Resistencia ya no es solo la ciudad de las esculturas; hoy es el monumento viviente a la desidia económica. La realidad económica en Chaco nos golpea la cara cada vez que cruzamos la Peatonal. No me vengan con el chamuyo de las inversiones que vienen «en camino». El chaqueño de a pie lo que ve es que el kilo de pan ya es un artículo de lujo y que la carne se volvió un recuerdo de domingo lejano.
En el Gran Resistencia, los números de la pobreza no son frías estadísticas del INDEC; son vecinos revolviendo contenedores frente a edificios públicos vidriados. La brecha entre el sueldo estatal —que sigue siendo el principal motor (o ancla) de nuestra provincia— y el costo de la Canasta Básica es un abismo que ninguna paritaria de cartón ha logrado cerrar. ¿Cómo pretenden que el consumo arranque si después de pagar la luz y el agua, al laburante le queda menos que un vuelto de caramelos?
El comercio local: héroes o suicidas
El comerciante de Resistencia, de Sáenz Peña o de Charata es un equilibrista sin red. La realidad económica en Chaco los tiene acorralados entre una presión impositiva que asfixia y una caída de ventas que no toca piso. El consumo interno se desplomó porque no hay moneda que aguante. Entrás a un local y el dueño te mira con cara de quien espera un milagro, no un cliente.
- Costos fijos: Alquileres por las nubes y servicios públicos que suben con una voracidad recaudatoria espeluznante.
- Impuestos: Tasas municipales y provinciales que parecen castigar al que todavía se atreve a levantar la persiana.
- Caída del poder adquisitivo: Cuando la gente elige entre comprarse un par de medias o pagar el boleto de colectivo, el comercio muere.
¿Dónde están las políticas de fomento real? ¿Dónde está el alivio fiscal para el que genera empleo genuino? En mis años de redacción, siempre escuché lo mismo: «hay que aguantar el tirón». El problema es que el tirón ya nos arrancó el brazo.
La trampa de la subsistencia y el futuro hipotecado
Estamos en una economía de supervivencia. El chaqueño ya no ahorra, no planifica, no proyecta. Solo sobrevive al día. Y una sociedad que solo piensa en qué va a comer esta noche es una sociedad fácil de dominar por el puntero de turno. La realidad económica en Chaco nos está llevando a un feudalismo moderno donde el único refugio parece ser la precarización o la dádiva.
Me pregunto: ¿hasta cuándo vamos a seguir siendo la provincia que exporta materias primas e importa pobreza? Tenemos campos ricos, gente laburante y una ubicación estratégica, pero seguimos atados a una administración centralista que nos manda migajas mientras aquí se despilfarra en pauta publicitaria para convencernos de que estamos bien.
La economía no se arregla con discursos de barricada ni con fotos en exposiciones rurales. Se arregla dejando de asfixiar al que produce y dándole un respiro al que consume. Mientras tanto, seguiremos contando monedas, estirando el guiso y esperando que algún iluminado se baje del pedestal para ver cómo vive un chaqueño de verdad.
La dignidad no se come, pero cómo duele perderla cuando el bolsillo está vacío.
Manolito – 50 años de oficio y cero ilusiones.
