¡Se plantó como en el escenario! Nuestra querida Soledad Pastorutti, la mujer que revolucionó el folclore a fuerza de revolear el poncho, volvió a ser noticia, pero esta vez por una confesión que nos dejó a todos con el corazón en la mano. En una charla íntima y sin filtros, «La Sole» recordó los cimientos de su relación con Jeremías Audoglio, su compañero de toda la vida, y sorprendió al revelar que el inicio no fue un camino de rosas: hubo que pelear por amor.

«Era ella o yo», disparó la de Arequito, dejando en claro que cuando se trata de seguir sus sentimientos, no anda con vueltas.
Entre los bancos de la escuela y una decisión de vida
La historia nos lleva a los años de juventud en Santa Fe, donde compartían los sueños y el cansancio de la escuela nocturna. Pero el panorama era complejo: Jeremías venía de una relación muy larga y, según relató la artista en una entrevista con Julio Leiva, ¡estaba a punto de mudarse con su novia de aquel entonces!
Fue en ese cruce de caminos donde nació el chispazo. Sin embargo, fiel a los valores que siempre pregonó, la cantante aseguró que puso los puntos sobre las íes desde el primer minuto:
- Determinación: Se plantó ante Jeremías con una postura firme para que él definiera su situación.
- Códigos de hierro: Soledad subrayó que jamás «metió la pata» mientras él seguía en pareja. Esperó a que esa historia se cerrara para abrir la suya.
- Transparencia: Para ella, la forma en que nace un vínculo marca el destino de la pareja.
Un amor que resiste el paso del tiempo
«Nos enamoramos», explicó con esa sencillez que la caracteriza. Pero ese amor requería que las cosas se hicieran bien. Tras el ultimátum, Jeremías eligió el camino que hoy, décadas después, los mantiene como una de las parejas más sólidas y queridas del ambiente artístico.
«Yo dije: ‘O ella o yo’. Entiendo que los códigos iniciales suelen marcar el rumbo del vínculo», reflexionó la cantante, dejando una lección sobre la honestidad afectiva.
La Sole, auténtica como siempre
Desde InChaco.com celebramos estas historias que humanizan a nuestros ídolos. Soledad demostró que esa fuerza arrolladora que vemos en cada festival es la misma que aplica en su vida privada para cuidar lo que más quiere. Hoy, con una familia consolidada, aquel «ella o yo» quedó como una anécdota de juventud, pero también como el pilar de un amor que se construyó sobre la verdad.
¿Quién no tuvo que tomar una decisión así alguna vez por amor?
