Buenas noches, señores. Manolito al micrófono desde la trinchera chaqueña. Mientras algunos se llenan la boca hablando de gestión y progreso, otro joven lucha por su vida tras ser apuñalado en una salvaje gresca. Tres atacantes, una madrugada de violencia y una justicia que, como de costumbre, parece estar jugando al solitario mientras la inseguridad en Chaco se cobra otra víctima.

La rutina del horror en nuestra tierra
En mis 30 y pico de años de oficio, he visto esta película tantas veces que ya me sé los diálogos de memoria. Un ataque brutal, un pibe al borde de la muerte y la respuesta estatal que siempre llega tarde, mal y nunca. El violento episodio en Chaco del sábado no es un hecho aislado, es el síntoma de una metástasis social que venimos denunciando mientras los funcionarios miran para otro lado.
Dos tipos adentro y una mujer notificada y en libertad. ¿En serio? ¿Ese es el mensaje que le mandamos al chaqueño de a pie? Que podés ser parte de un ataque a sangre fría y, con suerte, te vas a tu casa a dormir tranquilo. La inseguridad en Chaco no se combate con gacetillas de prensa ni con inauguraciones de patrulleros que no tienen combustible; se combate con una justicia que deje de ser una puerta giratoria.
¿Dónde está la seguridad en Chaco?
Me pregunto qué tiene que pasar para que dejen de normalizar la barbarie. La inseguridad en Chaco se ha convertido en el telón de fondo de nuestra vida cotidiana. Salir a la calle hoy, sobre todo cuando cae el sol, es una ruleta rusa donde el tambor siempre está lleno. ¿Dónde están los planes de prevención? ¿Dónde está el despliegue efectivo de fuerzas? Parece que la única estrategia es esperar a que pase la tragedia para que alguien salga a poner la cara, siempre tarde.
Este joven apuñalado es solo un nombre en un parte policial hoy, pero mañana será un recuerdo amargo de una provincia que perdió la batalla contra la delincuencia. La violencia en la vía pública es el resultado lógico de años de desidia. Cuando el Estado se retira, el vacío lo llenan los que no tienen códigos y los que perdieron el respeto por la vida ajena.
Justicia al servicio del olvido
El violento episodio en Chaco es una muestra clara de que la impunidad es el alimento de estos delincuentes. Si los responsables de impartir justicia actúan con tibieza, ¿qué incentivo tienen los criminales para dejar de apuñalar gente? Es un círculo vicioso, una herida abierta en nuestra tierra colorada que nadie quiere suturar porque requiere un coraje que, evidentemente, brilla por su ausencia en los despachos oficiales.
¿Hasta cuándo vamos a seguir aceptando este estado de indefensión? ¿Cuándo nos vamos a dar cuenta de que la inseguridad en Chaco nos está robando el futuro de nuestros jóvenes, mientras la política sigue ocupada en sus internas de café? El violento episodio en Chaco no es solo una noticia policial; es el grito de una sociedad que está harta de que le tomen el pelo.
Que la vida de este pibe valga algo, aunque sea para empezar a exigir que los que tienen que cuidar el orden se pongan, de una vez por todas, los pantalones largos. La impunidad no es un error de sistema; es el sistema. Y mientras siga siendo así, no se sorprendan si mañana la tragedia les toca la puerta de su propia casa.
Manolito – 50 años de oficio y cero ilusiones.
