
Rodrigo Andrés Gómez tenía solo 21 años y custodiaba la Quinta de Olivos cuando el acoso psicológico y el robo de $1,4 millones por parte de una banda de estafadores terminaron en un final trágico. La investigación destapó una trama de perfiles falsos y «sextorsión» dirigida desde una celda bonaerense.
La muerte de un soldado del Ejército Argentino en pleno cumplimiento del deber siempre genera conmoción, pero el caso de Rodrigo Andrés Gómez ha desatado una ola de indignación que atraviesa al país y toca de cerca a nuestra región. El joven, oriundo de Formosa, fue hallado sin vida el pasado 16 de diciembre con un disparo en la cabeza mientras prestaba servicio de seguridad en la Quinta de Olivos. Lo que en principio parecía un doloroso suicidio, resultó ser el desenlace de una cacería criminal orquestada desde el encierro.
La Justicia logró desbaratar en las últimas horas una organización delictiva dedicada a la extorsión virtual, con un saldo de siete detenidos. El dato más escalofriante: el presunto cabecilla de la banda dirigía cada movimiento, cada amenaza y cada transferencia desde el interior de una cárcel bonaerense.

La trampa de los perfiles falsos
La pesadilla de Rodrigo comenzó en una aplicación de citas. Bajo la modalidad conocida como «sextorsión», los delincuentes utilizaban perfiles falsos para entablar una relación de confianza con la víctima. Una vez obtenido material sensible o información personal, la «seducción» se transformaba en una pesadilla de amenazas constantes.
Según la investigación, el joven soldado fue víctima de una presión económica asfixiante. En total, la banda logró sustraerle $1,4 millones, una cifra que para un soldado de su edad representaba no solo sus ahorros, sino su estabilidad emocional. El acoso fue tan feroz que Rodrigo, atrapado en una red de mentiras y miedo, no vio otra salida que el trágico final en su garita de guardia.
Siete detenidos y el nexo carcelario
El avance de la causa permitió identificar la ruta del dinero y los dispositivos desde donde se emitían las amenazas. Los operativos terminaron con la captura de siete implicados, quienes daban soporte externo a la banda recibiendo el dinero o facilitando las cuentas para el lavado de lo recaudado.
«La presión psicológica que ejercían era milimétrica; sabían dónde golpear para que la víctima sintiera que su vida estaba arruinada», indicaron fuentes judiciales.
Un llamado a la prevención
Desde InChaco.com, lamentamos profundamente la pérdida de un joven comprovinciano de la región y alzamos la voz ante este flagelo. Las estafas virtuales ya no son solo un robo de dinero; se han convertido en herramientas de destrucción psicológica.
Este caso vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre el uso de teléfonos celulares en las cárceles y la falta de control en las aplicaciones de citas, donde la identidad puede ser una máscara para la muerte.
