¡No nos quieran vender gato por liebre! En InChaco no nos dejamos encandilar por un resultado en el tablero cuando lo que vimos en la cancha fue un espanto. Lo de anoche en el Monumental fue, lisa y llanamente, una falta de respeto a la historia del «Millonario». River estuvo a solo cinco minutos de concretar un papelón histórico frente a Ciudad de Bolívar, y aunque el triunfo llegó de forma agónica, la sensación térmica en Núñez es de derrota total.

Marcelo Gallardo habló de un «gran partido» en la conferencia de prensa, pero los hinchas —que de esto saben un rato— se fueron masticando bronca. ¿Crisis aliviada? Todo lo contrario: la herida está más infectada que nunca.
Un rival amateur que casi deja en evidencia al gigante
El contexto era inmejorable para que River recuperara la memoria. Enfrente no estaba un equipo con el oficio de aquel Temperley que lo amargó el año pasado, ni un rival de peso del ascenso. Estaba el Ciudad de Bolívar, un grupo de jugadores apenas entusiastas que, si no pegan un giro de 180 grados, van a sufrir horrores para mantener la categoría.
Era la noche ideal para:
- Desatar el nudo: Que el fútbol fluyera de una vez por todas.
- Golear y gustar: Recuperar la confianza de un plantel que parece de cristal.
- Sacarse el lastre: Venían de dos derrotas consecutivas y el primer obstáculo los desmoronó de nuevo.
En un trámite normal, por jerarquía y billetera, River tendría que haberle hecho ocho goles a un equipo de este nivel. En cambio, terminó pidiendo la hora y ganando por una fatalidad del destino sobre el cierre.
El «Efecto Gallardo» que no llega y la falta de confianza
Lo más preocupante no es solo el resultado ajustado, sino la anemia futbolística. Los jugadores de River parecen cargar con una mochila de piedras; cada pase es una duda y cada avance termina en una imprecisión. Ese equipo voraz que alguna vez supo construir el «Muñeco» hoy es una sombra pálida que se asusta ante el primer cruce de un central rival.
Opinión de la redacción: «Llamar a esto un ‘gran partido’ es subestimar la inteligencia del socio. River no juega a nada y el triunfo de anoche solo sirve para tapar el sol con las manos durante 48 horas».
Un triunfo con sabor a nada
Para el hincha que viajó desde el Chaco o aquel que lo vio por tele en cada rincón del país, lo de anoche no suma. Resta. Porque ganar así, sin identidad y contra un rival de nivel muy bajo, solo confirma que el problema de River es profundo y psicológico. El equipo no tiene alma y la crisis, lejos de disiparse, se agrava por la falta de autocrítica.
Desde InChaco.com, nos preguntamos: ¿Cuánto tiempo más podrá sostenerse este discurso si el juego no aparece? La gente ya no quiere «explicaciones», quiere ver a River jugar como lo que es: el club más grande de la Argentina.
